La
energía eólica no contamina, es inagotable y
frena el agotamiento de combustibles fósiles contribuyendo
a evitar el cambio climático. Es una tecnología
de aprovechamiento totalmente madura y puesta a punto.
Es
una de las fuentes más baratas, puede competir en
rentabilidad con otras fuentes energéticas tradicionales
como las centrales térmicas de carbón (considerado
tradicionalmente como el combustible más barato),
las centrales de combustible e incluso con la energía
nuclear, si se consideran los costes de reparar los daños
medioambientales.
Generar
energía eléctrica sin que exista un proceso
de combustión o una etapa de transformación
térmica supone, desde el punto de vista medioambiental,
un procedimiento muy favorable por ser limpio, exento de
problemas de contaminación, etc. Se suprimen radicalmente
los impactos originados por los combustibles durante su
extracción, transformación, transporte y combustión,
lo que beneficia la atmósfera, el suelo, el agua,
la fauna, la vegetación, etc.
La
utilización de la energía eólica para
la generación de electricidad presenta nula incidencia
sobre las características fisicoquímicas del
suelo o su erosionabilidad, ya que no se produce ningún
contaminante que incida sobre este medio, ni tampoco vertidos
o grandes movimientos de tierras.
Al
contrario de lo que puede ocurrir con las energías
convencionales, la energía eólica no produce
ningún tipo de alteración sobre los acuíferos
ni por consumo, ni por contaminación por residuos
o vertidos. La generación de electricidad a partir
del viento no produce gases tóxicos, ni contribuye
al efecto invernadero, ni a la lluvia ácida. No origina
productos secundarios peligrosos ni residuos contaminantes.